La masacre de Virginia y Donald Trump



La muerte de Alison Parker y Adam Ward en Virginia, Estados Unidos, revela mucho de la complejidad norteamericano. El asesino, Vester Lee Flanagan II, quien había usado por años el seudónimo Bryce Williams, era un fanático Testigo de Jehová, un usuario de armas de fuego y un afroamericano con grandes traumas raciales.

El análisis de esta masacre puede involucrar incluso al aspirante republicano a la Presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump. ¡Como es eso posible! Simple, el mismo extremismo de ideas que tienen los simpatizantes del magnate es el que tenía el homicida de los reporteros de la cadena WDBJ7.

En todo el mundo surge de manera insistente la pregunta "¿Cómo es que este hombre que habla en contra de los migrantes, y señala la inseguridad que estos causan, va tan arriba en las encuestas?". La respuesta es simple y casi obvia: hay quienes simpatizan con sus radicales ideas.

Así es. El discurso que hace 15 días ofreció el presidente Barack Obama en el que invitó a reflexionar sobre la "imperiosa necesidad" de sus gobernados por estar armados no fue muy aplaudido. Amplios sectores de la población estadounidense condenaron al mandatario y apelaron a su derecho constitucional por permanecer armados, según diversas notas de los diarios del vecino país.

En Estados Unidos es sumamente sencillo obtener armamento y, las leyes, son muy flexibles en cuanto a otras aristas del tema como son la portación y uso. Para nuestros vecinos del norte tener una recortada 22 es casi tan importante como para el mexicano tener una imagen de San Judas Tadeo en la entrada de cualquier local.

La explosiva candidatura de Donald Trump se relaciona con el homicidio en Virginia en la perspectiva ciudadana sobre el uso de armas. Los fanáticos de Trump son los principales defensores de este derecho, aunque curiosamente son también los más racistas en la Unión Americana.

Vester Lee Flanagan era un individuo complicado, que no era feliz, refieren sus excolegas y además tenía como ciudadano norteamericano la facilidad para hacerse de un arma.

El portal Buzzfead refiere que dos días después de la masacre de Charleston, en la cual fueron los afroamericanos los atacados por un joven caucásico, Lee Flanagan advirtió que desde entonces mataría para vengar la muerte causada por racismo:

"¿Por qué lo hice? Hice un depósito para tener un arma el 19 de junio. El ataque en Charleston ocurrió dos días antes. Lo que me desbordó fue el tiroteo en la iglesia. Y mis balas de punta hueca ya tienen grabadas las iniciales de mis víctimas".

El derecho a estar armado y las posturas raciales son dos temas que defienden los simpatizantes de Donald Trump. Si este candidato va arriba en las encuestas es porque un gran sector de la población estadounidense cree en esas posturas extremistas.

El lamentable e impactante tiroteo de este miércoles confirma que la política de armas de Estados Unidos es errónea y que el exacerbado racismo solo genera una espiral de odio que culmina en más homicidios.

Donald Trump es el símbolo de los racistas, extremistas y defensores del derecho a estar armado en Estados Unidos. Ante tal cantidad de personas apoyando ideas tremendamente polarizadas no es extraño que hayan sujetos como Vester Lee Flanagan, que con frialdad puede llamar "perra" a su víctima antes de atacarla y justificar su agresión en redes sociales.
Redacción

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