El camote poblano, dulce típico

 

Cuenta una de las historias que había un convento de monjas dedicadas a la enseñanza para niños. Cierto día, uno de los pequeños le jugó una broma a una monja que tenía una olla al fuego. Para hacerlo, agarró un camote, lo echó a la olla, lo revolvió con azúcar y lo batió para que se formara una masa que fuera difícil de quitar a la hora de lavar. Al poco rato, llegó la monja, probó la “revoltura” y le gustó, por lo que decidió ponerla en charolas y le dio a probar a todos, quienes, fascinados, empezaron a comerlo de postre.

 

Otra de las leyendas apunta a una mujer llamada María Guadalupe, quien llegó al convento de Santa Clara de Jesús. La joven extrañaba a su padre y decidió hacerle un regalo. Por ello, tomó de la huerta unos camotes y los coció. Posteriormente, les agregó azúcar, raspadura de limón y lo revolvió hasta formar una masa.

 

Dicen que la “inspiración divina” tocó a María Guadalupe cuando llegó al convento en Puebla, por lo que muchas veces asocian a este dulce típico con probar una experiencia “angelical”.


Lee más aquí

Redacción

Adéntrate en esta aventura digital. Nuestros textos y videos fueron cuidadosamente escogidos para informarte y entretenerte.

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente