¿Sudamérica se está convirtiendo en el laboratorio de pruebas de la IA?

 

La próxima gran frontera de la inteligencia artificial podría no estar en Silicon Valley, sino en Sudamérica. Hay energía, minerales, grandes extensiones territoriales y gobiernos interesados en atraer inversiones tecnológicas. Empresas internacionales proyectan centros de datos y nuevas infraestructuras mientras sistemas algorítmicos comienzan a entrar en áreas sensibles del Estado. La oportunidad económica es enorme, pero también aparece una pregunta incómoda: ¿la región está construyendo su propio futuro tecnológico o prestando su territorio para que otros experimenten con él?

La discusión cobró fuerza después de que la prensa alemana analizara la expansión de compañías tecnológicas en países sudamericanos. DW recogió un reportaje de Der Tagesspiegel que advierte sobre inversiones en centros de datos y aplicaciones de vigilancia. Entre los ejemplos aparece Ecuador, donde tecnologías de Palantir han sido utilizadas en zonas fronterizas. La especialista en seguridad Carla Álvarez planteó que, por su aplicación directa, el país podría entenderse como una especie de “laboratorio de pruebas”. La preocupación no es únicamente qué puede hacer la tecnología, sino bajo qué condiciones se permite utilizarla.

Argentina muestra otra cara del fenómeno. El país ha buscado posicionarse como destino atractivo para inversiones de inteligencia artificial y centros de datos, aprovechando recursos energéticos y condiciones territoriales favorables. Incluso ha impulsado propuestas jurídicas poco habituales, como permitir estructuras empresariales gestionadas ampliamente mediante IA, aunque manteniendo responsables humanos. Al mismo tiempo, proyectos de infraestructura tecnológica de enorme escala han colocado al país dentro del mapa internacional de la carrera por capacidad computacional.

Pero la inteligencia artificial necesita mucho más que programadores. Necesita electricidad, agua, centros de datos, conectividad, minerales y territorio. Y ahí Sudamérica posee activos estratégicos. La expansión de infraestructura digital convierte recursos naturales que antes parecían alejados de internet en piezas de la economía tecnológica. Un centro de datos puede parecer una nube intangible desde nuestro teléfono, pero físicamente es una instalación industrial que consume recursos y necesita integrarse a sistemas eléctricos y territorios concretos.

El problema aparece cuando existe una diferencia entre la velocidad de la inversión y la capacidad institucional para supervisarla. Un informe de la Universidad de los Andes contabilizaba, hasta julio de 2026, 716 instrumentos regulatorios, normas y proyectos relacionados con IA en 23 países y territorios latinoamericanos, más del 80% iniciados desde 2023. La cifra demuestra que la región no está simplemente observando el fenómeno; está intentando regularlo mientras ocurre. UNESCO también impulsó este año una hoja de ruta regional centrada en gobernanza, protección de grupos vulnerables, sostenibilidad e infraestructura.

Eso convierte la discusión en algo más complejo que estar “a favor” o “en contra” de las empresas tecnológicas. América Latina necesita inversión, infraestructura y conocimiento si pretende participar en una economía donde la IA puede elevar productividad y transformar industrias. CEPAL advierte precisamente que la región presenta avances desiguales en adopción, infraestructura y talento. El riesgo sería permanecer únicamente en los extremos de la cadena: proporcionar energía, territorio, datos o minerales mientras el conocimiento, las empresas y buena parte del valor económico permanecen fuera.

La historia latinoamericana vuelve inevitable una comparación. Durante siglos, la región exportó plata, caucho, petróleo, cobre, litio y otras materias primas indispensables para revoluciones económicas desarrolladas en otros lugares. La inteligencia artificial parece completamente distinta porque ocurre detrás de una pantalla, pero también necesita recursos físicos. La pregunta no es si Sudamérica debe participar en la revolución de la IA; ya está participando. La verdadera pregunta es en qué posición quiere hacerlo. Porque existe una enorme diferencia entre convertirse en un centro tecnológico capaz de desarrollar conocimiento propio y convertirse simplemente en el territorio donde otros colocan servidores, extraen recursos y prueban las tecnologías que después venderán al resto del mundo.

Fuentes: Deutsche Welle, “Sudamérica: ¿un posible laboratorio de pruebas para la IA?” (septiembre de 2026); Der Tagesspiegel, reportaje sobre expansión tecnológica en Sudamérica citado por DW; CEPAL, Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025 (publicado en 2026); UNESCO, Hoja de Ruta Regional sobre IA 2026–2027; Universidad de los Andes, Sistemas de Algoritmos Públicos, panorama regulatorio de IA en América Latina (2026); BID, An Enabling Regulatory Framework for Artificial Intelligence in Latin America and the Caribbean (2025); Reuters, cobertura sobre IA e inversiones tecnológicas en Argentina (2026).

Redacción

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